Entorno

VEJER DE LA FRONTERA

Nos encontramos ante una de las poblaciones más bella y encantadora de toda Andalucía. Como coinciden muchas de las guías turísticas de todo el mundo, viajar por el sur de España y no visitar esta localidad es algo imperdonable.

Aunque toda ella es hermosa y laberíntica, el casco histórico, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1976, es, sin duda, la parte más interesante de la ciudad. El trazado de sus calles, sus casas inmaculadamente blancas, las murallas, los arcos… componen una preciosa geometría llena de encanto y de sabor.

VISITA

Desde la autovía, la mejor entrada a Vejer se encuentra en la salida 36. Tras una empinada pendiente, se llega al parque de los Remedios, donde se debe dejar el coche en el gran aparcamiento público que aquí existe y donde se encuentra la Oficina de Turismo, en la que puede conseguirse un plano de la localidad y cuanta información acerca de la misma se precise.

Desde este lugar se llega al arranque de la Corredera, magnífico mirador desde el que se obtienen extraordinarias vistas del paisaje que rodea a la ciudad. Por encima de este lugar está la Plazuela, y en ella el convento de San Francisco, convertido en hotel. Detrás del convento está el mercado de abastos, hacia el sur del cual, con la calle Juan Relinque como eje, se suceden una serie de interesantes callejuelas, con preciosas casitas populares, la mayoría con patios luminosos y floridos.

Pero el grueso del conjunto monumental se sitúa al norte. Por ello, desde la Plazuela es mejor subir por Nuestra Señora de la Oliva, a la que llega la calle del mismo nombre que el palacio que en ella se erige, el palacio del Marqués de Tamarón, sede de la Casa de Cultura, y el arco de la Segur, primera de las cuatro puertas que tuvo el recinto amurallado. Data del siglo X y recibe su nombre por el hacha o segur, símbolo de los lictores romanos, incrustada en el muro junto a un escudo de la familia Mendoza. Al otro lado de la puerta hay un trozo de la antigua muralla, a la izquierda, que es a su vez un precioso mirador, mientras que a la derecha asoman los muros de la iglesia del Divino Salvador, que más adelante se verá. Aquí también se encuentra el Pub Joplin, toda una institución de ocio nocturno de Vejer desde hace cuarenta años.

Bajando por José Castrillón Shelly y tomando, a la izquierda, los Callejones de la Villa, se llega al arco de Sancho IV, otra de las puertas que la ciudad tuvo, también del siglo X. En la breve plazuela que ante él se forma se alza la casa del Mayorazgo, antiguo palacio barroco del siglo XVIII con una gran portada y dos preciosos patios interiores. Saliendo del arco y siguiendo por Corredera, a la derecha, se alcanza la plaza del Padre Caro, en la que se encuentra el convento de Nuestra Señora de las Mercedes, fundado por los duques de Medina Sidonia en el siglo XVII.

Frente al convento se encuentra la plaza de España, centro administrativo de la ciudad. Circular y sombreada de palmeras, es uno de los lugares más característicos de la ciudad. Recibe el nombre de plaza de los Pescaítos por los peces de colores que albergaba la preciosa fuente de azulejos que se alza en el centro, realizada en la primera mitad del siglo XX. En uno de los laterales se levanta el Ayuntamiento y el Restaurante Trafalgar, otra institución, en esta ocasión gastronómica, y entre las buenas casas que en ella se alzan sobresale la que ocupa el Juzgado de Paz, rotulada con el número 13 y ocupada hoy por un establecimiento hotelero. A esta plaza, en bello y empinado quiebro, asoma el arco de la Villa, puerta principal de la ciudad.

Desde aquí, subiendo por Canalejas, se alcanza Capitán Quintanilla, cuajada de flores, de la que arranca Rosario, que lleva hasta la plaza del Padre Ángel, en la que se alza la parroquia del Salvador, notable edificación con aspecto de vieja fortaleza, edificada entre los siglos XIV y XV sobre una antigua mezquita en estilo tardogótico con elementos mudéjares.

En la calle Ramón y Cajal está la iglesia del convento de la Concepción, capuchino, fundado en 1558 y ocupado luego por monjas concepcionistas. Fuera de culto, la iglesia se destina a usos culturales. Un poco más abajo aparece el castillo, declarado Monumento Nacional en 1931. Su origen es musulmán, de los siglos X y XI, aunque fue muy reformado entre los siglos XIV y XV por los duques de Medina Sidonia.

Junto al convento de la Concepción se abre la calle Arco de las Monjas, una de las más singulares de la ciudad, calle que franquea el paso a la de Judería, eje del antiguo barrio judío vejeriego, al final de la cual se encuentra el arco de Puerta Cerrada, que fuera llamado también puerta de Berbería. Construido igualmente entre los siglos X y XII, tiene en la cara exterior otro estupendo mirador, con un monumento a la Cobijada, mujer característica del Vejer medieval.

Siguiendo desde aquí por Juan Bueno y luego por la avenida de San Miguel, se llega al pequeño alto en el que se encuentra los históricos molinos de viento, en uno de los cuales se encuentra el Punto de Información del  Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate.